La paradoja de la confianza en la ciencia
Un nuevo artículo publicado en The Lancet explora la llamada “paradoja de la confianza” en la ciencia en el contexto de un clima de época caracterizado por la influencia de los algoritmos, las redes sociales y la infodemia. ¿Por qué cuanto más problemas resuelve la ciencia, menos se confía en ella? El artículo menciona el desafío que hoy tiene la comunidad científica de generar credibilidad y sugiere estrategias para fortalecer la confianza pública en las instituciones científicas y los profesionales expertos.
¿En quiénes confían hoy las personas?
Aunque la confianza en la ciencia sigue siendo alta en general a nivel global, la credibilidad de las instituciones científicas y de los expertos se ha debilitado, particularmente luego de la pandemia de COVID-19. Las personas ven a la ciencia politizada, elitista y determinista. Lo paradójico es que cuanto más éxito tiene la ciencia en resolver problemas complejos mediante el rigor científico, la evidencia y la coordinación institucional, el público menos confía en el sistema científico y más valora la inmediatez, la autenticidad, la resonancia emocional y la conexión personal.
Es por ello que la confianza de las personas se ha trasladado de las instituciones tradicionales y los profesionales expertos hacia figuras sin credenciales que ofrecen esta conexión emocional: influencers, celebridades, líderes espirituales y bots de inteligencia artificial, percibidos por las audiencias como más auténticos y cercanos. Para peor, los algoritmos de redes sociales amplifican estas voces, priorizando la resonancia emocional sobre la precisión fáctica, lo que facilita la propagación de información errónea.
Este desplazamiento de la confianza impacta negativamente en la salud pública, ya que reduce la adherencia a recomendaciones sanitarias y aumenta riesgos de contraer enfermedades. Las consecuencias ya se están viendo en hechos concretos, por ejemplo, las menores tasas de vacunación y la reaparición de enfermedades que antes eran controladas por las vacunas.
¿Por qué se produjo este fenómeno?
Cinco mecanismos psicosociales ayudan a explicar esta paradoja de la confianza:
1. La paradoja de la invisibilidad: Los beneficios de las intervenciones biomédicas exitosas se vuelven invisibles, lo que dificulta su apreciación. La eficacia de la prevención o una intervención a tiempo, hace que un hecho no ocurra. Si no ocurre, no se percibe, se hace “invisible”.
2. Relaciones parasociales: Estas relaciones son vínculos emocionales unilaterales que imitan la amistad genuina, pero no lo son. Los seres humanos tienden de manera innata a confiar en relaciones sociales familiares y emocionalmente resonantes. Consciente o inconscientemente, los influencers cultivan estas relaciones mediante la informalidad de la vida cotidiana: hablando desde sus habitaciones, mientras se maquillan o hacen las compras, mostrando a su familia, tomando un café, etc. Los influencers hablan como amigos, proyectando cercanía e intimidad. En un sentido parasocial, las personas llegan a percibirlos como familia y amigos. Los influencers expresan lo que sus audiencias sienten, incluyendo el escepticismo hacia la autoridad institucional. Esta “falsa intimidad” crea una paradoja de la desinformación: individuos que difunden información errónea pueden ser percibidos igualmente como confiables. La credibilidad de un influencer no se basa en la precisión objetiva de lo que dice ni en sus conocimientos o experiencia profesional, sino en la percepción por parte de su seguidor de que lo que dice es cierto porque es “mi amigo”, por lo tanto, “confío en mi amigo, en él o ella que siento cercano y que me entiende porque “le pasa y siente lo mismo que yo”.
3. Resonancia emocional: El influencer logra con un solo reel o contenido una conexión emocional con su seguidor instantánea alineada con la identidad, los valores y experiencia en común con ese seguidor. Esta conexión emocional instantánea no la brinda un dato científico duro. A medida que los sistemas de salud se vuelven más complejos e impersonales, las personas recurren por defecto a quienes proyectan cercanía.
4. Segos cognitivos: Un cuarto factor es la influencia de los sesgos cognitivos, como el razonamiento motivado y la cognición protectora de la identidad. Estos sesgos llevan a las personas a interpretar la información de manera que confirme sus creencias previas y sus afiliaciones grupales. Los sesgos nos inducen a pensar mal. Las personas pueden llegar a conclusiones opuestas a partir de los mismos hechos, dependiendo de su sesgo. En salud pública, esto significa que incluso los mensajes científicamente sólidos pueden ser rechazados, no por su contenido, sino porque desafían visiones sesgadas del mundo.
5. Finalmente, la simplicidad cognitiva desempeña un papel decisivo. En la economía de la atención, se prefieren las fuentes que ofrecen respuestas rápidas y sencillas porque minimizan la incertidumbre y las salvedades. Las personas hoy llevamos vidas ocupadas, queremos listas simples, no largos papers científicos de varias páginas. Buscamos los “5 alimentos que ayudan a bajar el colesterol” o queremos un reel de 15 segundos que nos diga cómo bajar la glucemia. La complejidad, las precisiones y la condicionalidad son características del discurso científico y a menudo se perciben como difíciles de comprender. Los influencers o los bots en cambio ofrecen respuestas simples, rápidas y definitivas.
Estrategias para reconstruir la confianza
¿Qué hacer frente a estas circunstancias? Restaurar la confianza requiere más que corregir falsedades o desmentir mitos: implica transformar la comunicación para combinar precisión con conexión emocional.
Los expertos y las instituciones deben aprender a comunicar con calidez, transparencia y valores, humanizando sus mensajes. Es clave explicar la independencia, el financiamiento y los procesos de decisión para contrarrestar percepciones de parcialidad. Las instituciones también pueden co-crear mensajes con líderes comunitarios y figuras públicas. Asimismo, existen recursos como el humor y las historias, para crear narrativas atractivas para un público que busca conectar con lo emocional.
Además, se necesita una gobernanza algorítmica que priorice contenidos fiables, con marcos regulatorios adaptados a la realidad actual. No menos importante es entender que la construcción de confianza es un continuo. Crear un vínculo en períodos no críticos es clave, para que, cuando llega una crisis, lo construido dé sus frutos.
La confianza, una vez perdida, no se recupera automáticamente: debe reconstruirse en los mismos espacios digitales y emocionales donde se erosionó. La reconstrucción efectiva combina rigor científico con autenticidad y cercanía, involucrando al público como participante activo. Adaptar la comunicación a los ecosistemas de redes sociales y regular las plataformas algorítmicas es esencial para proteger la salud pública. Es posible hacerlo, ya hay buenos comunicadores, divulgadores científicos, profesionales comprometidos y proyectos institucionales que buscan mejorar la comunicación científica. ¡Sigamos trabajando!
El artículo completo de The Lancet disponible aquí
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