Cambia, todo cambia: mutaciones

Mutación rima con revolución y también con producción. Las mutaciones genéticas provocan cambios que son aprovechados por los fitomejoradores -las personas que mejoran los cultivos-  para obtener variedades con mayor rendimiento, sanidad y calidad. Seguí leyendo y enterate por qué, también, las mutaciones son revolucionarias.


Cambia, todo cambia

Cambia lo superficial

Cambia también lo profundo

Cambia el modo de pensar

Cambia todo en este mundo

Todo cambia y el material genético (ADN) no es la excepción. Ciertos factores ambientales, como los rayos UV, o la exposición a rayos X, gamma o algunas sustancias químicas provocan cambios en el ADN. Esos cambios se denominan mutaciones y como dice la canción que tan bien interpretaba Mercedes Sosa, puede ser un cambio superficial que no se pasa a la siguiente generación (no se hereda) o puede ser un cambio profundo, que se transmite de padres a hijos a través de las generaciones. Estos cambios son los verdaderamente importantes y los que tienen utilidad en el mejoramiento de cultivos.

Los enanos revolucionarios

Los cereales, especialmente el trigo y el arroz, son pilares fundamentales de la alimentación humana y cubren gran parte de las necesidades calóricas en los habitantes de países en vías de desarrollo.

En la década del 40 del siglo pasado, la roya del trigo, enfermedad que causaba pérdidas de producción y calidad, era el principal problema para la producción del cereal. Por eso, al joven Norman Borlaug le financiaron un programa de fitomejoramiento en México y su trabajo rindió fruto… pero, aquellos trigos con más rendimiento no llegaban bien a cosecha porque los tallos se quebraban y la planta se caía. Entonces, recibió una mutación salvadora proveniente de Japón. Un trigo enano, llamado Norin 10, que cruzó con sus trigos mejorados obteniendo trigos más bajos, sanos, de alto rendimiento y de fácil cosecha. Estas variedades estuvieron disponibles para los productores en el año 1962 y para 1969, solo siete años después, la producción mexicana se había duplicado. 

En la década del 60 había inseguridad alimentaria en las poblaciones de sur de Asia. Por eso importaron los trigos semienanos mexicanos para probarlos y adaptarlos a esa región con otro conjunto de prácticas agronómicas como la siembra más superficial, la fertilización y el control de malezas. Aquí fue el lugar donde ocurrió verdaderamente la revolución, conocida como Revolución Verde, con aumentos de rendimientos nunca vistos. 

Después del trigo se incorporó el arroz a la revolución. Esta vez las mutaciones fueron provocadas intencionalmente con rayos gamma. Así, llegó al mercado la variedad Calrose 76, con un tallo 35 cm más corto que las variedades convencionales, destacada por no ser propensa al encamado y tener alta producción de granos en condiciones de buena fertilidad del suelo.


Mutantes todo el día, en todas las comidas

Además del trigo y el arroz, hoy existen muchos productos de mutaciones que visitan nuestra mesa: brócoli, coliflor, repollito de Bruselas, pomelo rosado, nectarina, mandarina y uva sin semilla y muchos más.

Me imagino que después de conocer a los “enanos revolucionarios” y a sus otros amigos, cada vez que te sientes a la mesa agradecerás a las mutaciones por ese plato de fideos, de risotto o por las frutas y verduras que estás comiendo.


Para saber más

La variedad enana Norin 10 proviene de una mutación originada entre los siglos III y IV en Corea. En el año 1935, un investigador japonés, Gonjoro Inazuka, la descubrió y comenzó a usar en sus cruzamientos, donde redujo la altura de los trigos de 150 cm a 60-110 cm; evitando el “acame” o caída de las plantas.  El enanismo de Norin 10 se debe a los genes Rht1 y Rht2 que son insensibles a las giberelinas, hormonas vegetales que regulan, entre otras cosas, la elongación del tallo. En la variedad de arroz Calrose 76, el gen mutado fue el Sd-1, transformándose en insensible a las giberelinas y funciona de manera similar a los genes Rht de trigo.