Leche humana o materna: un alimento y algo más

¿Por qué la leche humana o materna es tan recomendada? ¿Cuáles son sus características nutricionales? ¿Qué recomiendan los especialistas con respecto a la alimentación de la mujer que amamanta? Te lo contamos en este artículo.

Leche humana o materna y nutrición, inmunidad y desarrollo

La leche humana o materna es el primer alimento y el ideal para los recién nacidos o bebés. Aporta el total de la energía que requiere un bebé y todos los nutrientes que necesita para lograr un crecimiento físico y un desarrollo neuro-cognitivo óptimos durante los primeros seis meses de vida. Luego, aporta la mitad de sus necesidades nutricionales desde los seis hasta los doce meses y hasta un tercio durante el segundo año de vida. Además, contiene sustancias como hormonas, factores de crecimiento, anticuerpos (IgA), leucocitos (linfocitos B y T, neutrófilos, macrófagos) y citoquinas. Estas sustancias no nutritivas tienen efectos a corto y largo plazo en la salud del bebé. Por ejemplo: los anticuerpos ayudan a proteger a los lactantes de enfermedades frecuentes de la infancia como diarrea y enfermedades respiratorias (bronquiolitis, neumonía, etc.).

Una revisión sobre los efectos psicológicos de la lactancia en los recién nacidos o bebés y en las madres o mujeres lactantes concluye que:

- en los recién nacidos o bebés, la lactancia se asocia con un mejor desarrollo neuro-cognitivo y una mayor respuesta socio-afectiva. Es posible que la causa del mejor desarrollo neuro-cognitivo esté relacionada con los ácidos grasos poliinsaturados que contiene la leche humana o materna y su efecto beneficioso sobre el cerebro. La mayor respuesta socio-afectiva posiblemente esté relacionada con la oxitocina por su papel en la promoción del vínculo afectivo madre-hijo (o mujer lactante-bebé) y su mejora en la conducta o comportamiento social. Además, reduce el estrés, la ansiedad y el rechazo.

- en las madres o mujeres lactantes, la lactancia reduce significativamente el estrés (tanto fisiológico como subjetivo), mejora el estado de ánimo ya que reduce la depresión postparto, favorece el vínculo afectivo madre-hijo (o mujer lactante-bebé) y aumenta la sensibilidad neuronal a las señales del recién nacido o bebé. La oxitocina probablemente juegue un papel importante en la explicación de estos efectos vinculados a la psicología y al comportamiento.

Por lo tanto, la leche humana o materna es mucho más que un alimento, y además es segura e higiénica, no necesita preparación previa, está siempre a disposición (a toda hora y en cualquier lugar) y tiene la temperatura adecuada.

La leche humana o materna, además de contener sustancias no nutritivas (como anticuerpos o leucocitos) que tienen efectos inmunomoduladores, contiene algunos nutrientes determinados que también favorecen el desarrollo y la maduración del sistema inmune del recién nacido o bebé. A continuación veremos algunos ejemplos.

Los oligosácaridos son el tercer nutriente en abundancia que contiene la leche humana o materna (después de la lactosa y las grasas). Adicionalmente a su aporte de energía, cumplen una importante función; ya que ejercen un efecto prebiótico y estimulador de la maduración del sistema inmune del recién nacido o bebé. Su presencia se ha asociado con prevención de obesidad, alergias alimentarias y enfermedades inflamatorias.

El glutamato es el aminoácido más abundante durante la lactancia y, junto con la glutamina (que se puede sintetizar a partir del glutamato), representan aproximadamente el 50% de los aminoácidos en la leche humana o materna. El glutamato y la glutamina suministran sustratos funcionales al tejido nervioso, protegen el crecimiento y la integridad intestinal, y son esenciales para el desarrollo del sistema inmune. La taurina es el segundo aminoácido en abundancia en la leche humana o materna. Como tenemos una capacidad relativamente baja para sintetizar taurina, este aminoácido se considera esencial. La taurina participa en la conjugación de ácidos biliares, en la estructura y en la función de los fotorreceptores de la retina y en el desarrollo neurológico. La presencia de los ácidos biliares conjugados con taurina en el intestino puede favorecer la colonización por bacterias intestinales beneficiosas, como Lactobacillus y bifidobacterias. 

Las grasas son el componente más variable de la leche humana o materna. Las concentraciones de grasas en la leche dependen de factores como la etapa de lactancia, el peso o el Índice de Masa Corporal (IMC) materno y el estado nutricional materno general.

El cerebro, la retina y otros tejidos nerviosos son ricos en ácidos grasos de cadena larga (poliinsaturados). Entre ellos, se destaca el ácido docosahexaenoico (DHA)[*] porque es el componente mayoritario del cerebro. El DHA forma parte de las membranas celulares y participa en la transmisión de señales y en el crecimiento neuronal. Por otro lado, la retina contiene una importante cantidad de este ácido graso, que modifica la actividad de enzimas críticas en la transducción de señales visuales. El nivel de DHA en el recién nacido y lactante depende de la concentración plasmática en la madre, ésta se relaciona con la alimentación durante el embarazo y la lactancia. Por lo tanto, para que los recién nacidos y lactantes logren un desarrollo neurológico-cognitivo y visual óptimo se recomienda que la madre o mujer lactante tenga una ingesta adecuada de DHA.

La preferencia o predilección por el sabor dulce es una característica humana innata que va disminuyendo con el paso de los años. La leche humana o materna, por su alto contenido en lactosa, es el primer alimento de sabor dulce al que nos exponemos. El desagrado por el sabor amargo también es una preferencia innata. Además, la leche humana cambia de sabor según los alimentos que consuma la madre o mujer lactante. Estos cambios de sabor ayudan al recién nacido o bebé a familiarizarse con diversos sabores, es por ello que aquellos que fueron alimentados con leche humana o materna son más proclives a aceptar una alimentación variada.

La alimentación materna durante la lactancia

La ingesta materna de ácidos grasos poliinsaturados (omega 3 y omega 6) es crucial durante el embarazo y la lactancia, ya que la embarazada y la madre o mujer lactante los provee a través de la placenta y la leche humana o materna. Por lo tanto y particularmente, el aporte de ácidos grasos omega 3 en los recién nacidos y bebés depende de la lactancia y de la propia ingesta de pescado que se recomienda a partir del año de edad. Es por eso que se sugiere prolongar la lactancia hasta que el bebé pueda incluir el pescado y otros alimentos ricos en omega 3 en su alimentación diaria. 

La leche de madres o mujeres lactantes (o nodrizas) con un estado nutricional adecuado aporta vitaminas y minerales cuyas reservas al nacer son limitadas, como zinc, yodo, selenio y vitaminas B1, B2, B12, C y E. Por lo que, los recién nacidos dependen completamente de la leche humana o materna para el aporte de estos nutrientes.


En mujeres veganas es fundamental la suplementación con vitamina B12 desde antes de la concepción y hasta el fin de la lactancia para evitar la deficiencia de esta vitamina (exclusiva de alimentos de origen animal) en los recién nacidos o bebés. En este caso sugerimos consultar con un médico. 


La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, la introducción de alimentos apropiados para la edad y seguros a partir de entonces; y el mantenimiento de la lactancia materna hasta los dos años o más.

 


Para saber más 

- Si te interesa más información sobre lactancia materna, sugerimos consultar la página de la Organización Mundial de la Salud 

- Para datos estadísticos sobre lactancia materna en Argentina, sugerimos consultar:
https://www.argentina.gob.ar/en-argentina-el-97-por-ciento-de-los-ninos-comienza-la-lactancia-materna
https://www.paho.org/para-poder-sostener-la-lactancia-materna-consideran-importante-la-proteccion-en-los-lugares-de-trabajo

- Por legislación en Argentina sobre lactancia materna, sugerimos consultar la Ley 26.873 (sancionada y promulgada de hecho en el año 2013)

 


Referencias:

- Dror DK, Allen LH. Overview of Nutrients in Human Milk. Adv Nutr. 2018;9(suppl_1):278S–294S. doi:10.1093/advances/nmy022

- Krol KM, Grossmann T. Psychological effects of breastfeeding on children and mothers. Psychologische Effekte des Stillens auf Kinder und Mütter. Bundesgesundheitsblatt Gesundheitsforschung Gesundheitsschutz. 2018;61(8):977–985. doi: 10.1007/s00103-018-2769-0

- Aguilar Cordero María José, Baena García Laura, Sánchez López Antonio Manuel, Guisado Barrilao Rafael, Hermoso Rodríguez Enrique, Mur Villar Norma. Beneficios inmunológicos de la leche humana para la madre y el niño: revisión sistemática. Nutr. Hosp. 2016 Abr; 33(2): 482-493. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112016000200046&lng=es.  http://dx.doi.org/10.20960/nh.526

- United States Department of Agriculture. Economic Research Service. Weimer Jon. The Economic Benefits of Breastfeeding: A Review and Analysis. Food Assistance & Nutrition Research Program No. (FANRR-13) 18 pp. March 2001. Disponible en: https://www.ers.usda.gov/publications/pub-details/?pubid=46472

- Ley 26.873. Lactancia Materna. Promoción y Concientización Pública. Disponible en: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/215000-219999/218212/norma.htm

- Ministerio de Salud de la Nación. Dirección Nacional de Maternidad, Infancia y Adolescencia. Situación de la lactancia materna en Argentina. Informe 2018. Disponible en: http://www.msal.gob.ar/images/stories/bes/graficos/0000001281cnt-situacion-lactancia-materna-18.pdf

 

[*] El DHA no se considera un ácido graso esencial ya que se puede sintetizar a partir del ácido linoleico (omega 6) y ácido alfa linolénico (omega 3), que se consideran ácidos grasos esenciales.

 


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