Trastornos de la conducta alimentaria. Manual de Enfermedades Psiquiátricas

Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades psiquátricas que se manifiestan como formas de comer "raras" en las personas que las padecen.

Para el Manual de Enfermedades Psiquiátricas (DSM IV), se clasifican en:

- Anorexia Nerviosa (AN)
- Bulimia (B)
- Trastornos Alimentarios No Especificados (TANE): ésta es la más frecuente de todas, comprometiendo al 75% de los pacientes.


Anorexia Nerviosa ¿Qué es?
La anorexia nerviosa (AN) es una enfermedad psiquiátrica descripta muchos siglos atrás, pero que en las últimas décadas se ha extendido en forma notable. Afecta, preferentemente, aproximadamente a 1 de cada 100-200 mujeres jóvenes. En los varones se presenta y evoluciona casi exactamente igual. En ambos sexos, las personas suelen tener bajo peso al iniciar los síntomas.

La persona padece de una distorsión en la manera que vivencia el peso, el tamaño o la forma del cuerpo y ello ejerce una influencia exagerada sobre su autovaloración. A partir de eso surge la búsqueda tenaz del peso más bajo posible acompañada de una negativa a mantener el peso en un nivel compatible con la salud. Esto se trata de lograr, al principio, con una reducción voluntaria de la ingesta de alimentos considerados "engordantes", siguiendo progresivamente por eliminar cada vez más alimentos cotidianos. Esto se puede acompañar de la utilización de distintos métodos de purga (provocarse el vómito, tomar laxantes o diuréticos, etc.), y/o el exceso de actividad física.

La persona siente un temor intenso al aumento de peso y a perder el control sobre la cantidad de alimento que ingiere, lo cual la lleva a limitar lo que come y a perder tanto peso que, en la mayoría de los casos, puede poner en riesgo su vida. Además, presentan amenorrea (falta de menstruaciones) y la negación de la gravedad de lo que padecen. Estos pacientes creen que ellos están en lo correcto y que los equivocados son los demás.

¿Cómo es posible diferenciar, al comienzo, una conducta de tipo anoréxica de una verdadera e incipiente anorexia nerviosa?
Para comenzar, se debe tener en cuenta que el solo ensayo de ese tipo de actitudes y hábitos debe encararse con prudencia, pues constituye en sí mismo una conducta de riesgo. Muchos jóvenes que comienzan con conductas de "dieta", si están predispuestos y tienen personalidades vulnerables, pueden progresar hacia una anorexia nerviosa. Esta situación peligrosa puede llegar a una situación de menor gravedad con la consulta temprana a un equipo multidisciplinario de médicos especialistas en nutrición, licenciados en nutrición, psicólogos y psiquiatras que evalúen la situación e intervengan en forma adecuada.

Siempre es imprescindible el compromiso familiar en estos tratamientos.

Bulimia Nerviosa ¿Cómo suele ser su comienzo y evolución?
La bulimia nerviosa comienza en personas con peso normal o con un pequeño exceso. Aquí también hay una distorsión de la imagen corporal, iniciando una conducta vinculada al control de peso, de aquello que come o del tamaño o la forma del cuerpo. No es infrecuente que esté precedida de un episodio de tipo "anorexia" o de una anorexia nerviosa, en cuyo caso es una forma de cronificación del trastorno alimentario. Típicamente se inicia con un intento tenaz de control del peso y la alimentación a través de un régimen estricto y prolongado.

Por sus mismas características resulta insostenible y al hambre le sobreviene el atracón seguido de los distintos métodos de purga o mecanismos compensatorios que creen que va a anular el efecto de la ingesta copiosa. Al cabo de un tiempo, el desencadenante inicial vinculado al hambre se va generalizando y el atracón se dispara por la tensión que le genera la ansiedad, el aburrimiento, la depresión o cualquier situación a la que siente que no puede responder en forma adecuada.

Se considera atracón a una exagerada cantidad de comida en muy poco tiempo, casi sin conciencia de cantidad y calidad de lo comido.

Los atracones dejan un sentimiento de culpa, humillación y fracaso en el control, que van minando la autoestima y la persona progresivamente se va sintiendo más incompetente e insegura al tiempo que su vida se va alterando cada vez más por tener que encubrir el desorden alimentario y sus vicisitudes. Los hábitos y las características de funcionamiento de estas personas van cambiando durante el curso de su enfermedad. Es frecuente que pasen de haber sido prolijos y ordenados, a vivir en un caos en cuanto al manejo del tiempo y el espacio; en forma progresiva van armando su día alrededor de su conducta alimentaria y de este modo la bulimia adquiere una vida propia que se apodera de su ser.

Ya hay descripciones de cuadros de bulimia en la Biblia, donde se habla de "personas con hambre de buey", de allí el nombre de bulimia. A corto plazo, aproximadamente un 70% de aquellos que completan el tratamiento muestran una notable mejoría de su sintomatología bulímica. Los pacientes tratados en forma ambulatoria seguidos hasta 6 años después mantienen una mejoría de sus síntomas a lo largo del tiempo, aunque algunos suelen persistir.

El pronóstico es más favorable en los pacientes que tienen un mejor funcionamiento general y síntomas más leves al comienzo. Por el contrario, al cabo de tres años, sólo el 27% de los pacientes internados tiene una buena evolución (atracones y conductas de purga menos de una vez por mes), el 40%, evolución intermedia y el 33%, evolución pobre (atracones y purgas diarias). Aquí también el tratamiento debe ser multidisciplinario.

¿Cuál es la causa de la bulimia nerviosa?
No ha sido posible establecer la causa de la bulimia nerviosa, pero al parecer se debe a un interjuego de factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales, entre los cuales la conducta de dieta juega un rol fundamental. El factor psicológico se vincula a los sentimientos perturbadores que surgen de las dificultades interpersonales. Las mujeres con mayor conflicto en lo que respecta a madurez, autoestima, sexualidad y dificultad en regular las tensiones parecen ser más proclives a desarrollar bulimia nerviosa.

¿Hay una personalidad o familia típica para la persona con bulimia nerviosa?
Hay quienes consideran que cierto tipo de personalidad predispone para el desarrollo de la bulimia, mientras que otros destacan a ciertas características como consecuencia de ésta, y finalmente otros sostienen que la personalidad previa no es un factor que predisponga sino que simplemente colorea el modo en que se manifiesta la bulimia nerviosa. Sin embargo, hay coincidencia en que esta afección no se refiere sólo a un conjunto de hábitos alimentarios caóticos sino que entraña mucho sufrimiento y ciertos rasgos de personalidad. La baja autoestima, la dificultad en el funcionamiento social y la gran necesidad de aprobación externa parecen jugar un rol crucial. Son personas que suelen presentar gran ansiedad, depresión y tienen predisposición a otras conductas "exageradas" (promiscuidad sexual, alcoholismo, consumo de drogas ilegales), más impulsividad, más conflictos y trastornos sexuales.

Otras muestran una inestabilidad afectiva con estados de humor depresivos y cambiantes así como baja tolerancia a la ansiedad y a la frustración. Hay una parte de esta población que tiende a la teatralización y se caracteriza por reaccionar exageradamente a los estímulos, expresar intensamente los afectos y que buscan permanentemente la atención y los halagos de los demás. Por su misma inseguridad, temen y evitan ser auténticos y para no ser descubiertos eluden el contacto prolongado e íntimo. Entre las conductas impulsivas más frecuentes que presentan algunas pacientes con bulimia nerviosa se destacan: gastar dinero en forma excesiva, mal manejo del tiempo, robos menores y auto-mutilación.

No hay una familia típica en la cual se presente esta afección. Sin embargo, comparadas con las familias de las anorexias nerviosas, parece haber mayor manifestación de conflicto familiar y mayor expresión de desajuste emocional. Típicamente el paciente bulímico es un factor de problema en su familia, no solo por sus desarreglos con la comida sino por las mentiras, el manejo caótico del tiempo, las transgresiones y la dificultad que suelen tener para mantener una actividad en forma estable y responsable. Esto muchas veces resulta consecuencia del progresivo desajuste que promueve el encubrimiento y el descontrol generalizado. Es frecuente que los padres critiquen a su hijo enfermo y se quejen del malestar que genera. Según las estadísticas, los familiares de los pacientes bulímicos tienen mayor incidencia de abuso de sustancias químicas, especialmente el alcohol así como antecedentes de depresión y obesidad.

¿Cuáles son los principios generales que deben guiar el tratamiento de los trastornos de alimentación?
Como se ha visto, la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa son enfermedades mentales manifestadas en la conducta alimentaria, y su tratamiento debe abarcar ambos aspectos. Precisamente porque son enfermedades multideterminadas por procesos individuales, familiares e interpersonales, así como por factores biológicos y socioculturales, su tratamiento también debe ser multidimensional e interdisciplinario, y debe encararse con un equipo encabezado por un psicoterapeuta y un médico especializados en el tema.

No hay reglas preestablecidas ni programas fijos que sean apropiados para todos los casos. Es tanta la variedad de pacientes como de padres y de dinámicas familiares, que las generalizaciones corren el riesgo de simplificar en forma indebida una problemática compleja y riesgosa. Sin embargo, hay algunos principios generales que deben orientar al profesional que aborde estos casos. El tratamiento debe ser personalizado, atendiendo a las especificidades de cada situación (paciente, familia, riesgo clínico, entorno, antecedentes de la enfermedad y tratamiento, así como disponibilidad de recursos de salud). Conviene que el tratamiento se seleccione teniendo en cuenta criterios de eficacia establecidos en el campo científico y la factibilidad o ventaja de implementarlo en estas circunstancias. Una vez comenzado, este se evaluará permanentemente en sus resultados, conservando un criterio flexible en cuanto a considerar otras alternativas. El tratamiento debe ser lo menos intrusivo posible y tan intensivo como resulte necesario. Debe estar siempre encuadrado en un criterio que relacione el sacrificio con el beneficio. Los objetivos de tratamiento deben ser siempre explícitos y establecidos de acuerdo con la familia. Resulta de suma importancia para el éxito del tratamiento lograr la colaboración del paciente y su familia.

Los aspectos vinculados a la conducta alimentaria deben encararse junto con los psíquicos, ya que el enfoque de los aspectos psicosociales por sí solo raramente procura cambios significativos en los hábitos alimentarios.

El tratamiento completo, entonces, debe incluir necesariamente el abordaje psicoterapéutico y la reeducación nutricional. En algunas ocasiones, los psiquiatras pueden indicar psicofármacos, si así lo consideran. Hasta la fecha, ningún medicamento aislado demostró "curar" estas enfermedades.

 

0
1
0
s2sdefault