Niñez y temprana adolescencia. Nutrición, salud y actividad física en estas etapas

Desde hace mucho tiempo, los nutricionistas y otros profesionales de la salud reconocen la importancia de establecer prácticas de nutrición saludables durante la niñez y la temprana adolescencia. La dieta y el ejercicio adoptados durante estos años preparan el terreno para adquirir hábitos saludables en el futuro.

Nutrición infantil

El período que va desde el nacimiento hasta los dos años de edad es una ventana crítica para la promoción del crecimiento, la salud y el desarrollo del comportamiento óptimo. Sobre la base de estudios longitudinales, se ha comprobado que también es la edad critica donde aparecen trastornos del crecimiento, ciertas deficiencias de micronutrientes y enfermedades comunes de la niñez.

El déficit nutricional que se produce durante estos años formativos tiene consecuencias inmediatas y a largo plazo. Las consecuencias inmediatas incluyen el retraso en el desarrollo motriz y mental. Las consecuencias a largo plazo se asocian con deterioros del desempeño intelectual, de la capacidad de trabajo, con consecuencias en la capacidad reproductiva y en el estado de salud general durante la adolescencia y la edad adulta. Por estos motivos, la nutrición adecuada es esencial para que el niño desarrolle todo su potencial humano.

Las guías de alimentación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF promocionan la alimentación exclusiva a pecho durante los primeros seis meses de vida y la continuación de este tipo de alimentación, junto con alimentación complementaria, hasta los dos años de edad o más. La alimentación con leche materna tiene beneficios nutricionales e inmunológicos para el niño. Además, la actual evidencia científica demuestra que la alimentación con leche materna puede tener un efecto protector contra la obesidad infantil. Aunque bien se recomienda altamente dar el pecho, si no es posible, la fórmula infantil fortificada con hierro también es aceptable para los niños.

La alimentación complementaria es apropiada cuando no es suficiente la alimentación con leche materna exclusiva para cubrir los requerimientos nutricionales del niño, y cuando se necesitan otros sólidos y líquidos sumados a la leche materna.

Las recomendaciones de las Sociedades de Pediatría en cuanto a la edad para comenzar la alimentación sólida varían entre los diferentes países, sin embargo, además de la edad, a continuación incluimos algunos indicadores para saber si el bebé está listo para comenzar a ingerir alimentos sólidos:

- El bebé se sienta con ayuda o con apoyo.
- Cuando está acostado boca abajo, el bebé se levanta usando los brazos con los codos extendidos.
- El bebé muestra interés por la comida cuando otros comen.


El mejor método para introducir nuevos alimentos en los bebés es de a uno por vez. Esto les da oportunidad de acostumbrarse a nuevos sabores y texturas y permite a los padres identificar reacciones adversas a alimentos específicos. Si un alimento en particular provoca una reacción (por ejemplo: diarrea, inflamación, gases), debe ser eliminado de la dieta durante uno a tres meses antes de dárselo nuevamente. Los estudios sugieren que aproximadamente al año de edad, la mayoría de los bebés pueden tolerar alimentos que antes les provocaban reacciones. Si se da a los bebés una variedad de alimentos y sabores en los primeros dos años de edad, esto puede aumentar la probabilidad de que prueben nuevos alimentos.

Los bebés siempre deben estar sentados para comer o beber, en una posición donde puedan ver la cara de la persona que les da de comer. Los momentos de la comida ofrecen oportunidades importantes para que los bebés y quienes los cuidan sonrían, se rían y disfruten de comer juntos. Además, no se debe dar de comer a los bebés cuando sus padres están apurados o apremiados por el tiempo.

Además, el apetito de cada bebé puede variar de un día a otro y ellos les harán saber a quienes los cuidan que están saciados, dando vuelta la cara cuando se les acerca la cuchara o mantendran los labios cerrados. Nunca se debe forzar a los bebés a comer después de que han dado señales de que están satisfechos.

En los niños menores de dos años de edad, las grasas en los alimentos tienen una función clave en la formación de los tejidos nerviosos vitales y del cerebro. Los profesionales de la salud no recomiendan dar alimentos reducidos en grasas a los niños de esta edad. Por ejemplo, se aconseja el uso de la leche entera en lugar de la leche total o parcialmente descremada.

Para ayudar a prevenir el desarrollo de caries dentales provocadas por la mamadera, quienes cuidan al bebé nunca deben llevarlo a dormir con una mamadera que contenga leche, fórmula ni otro líquido.


El crecimiento

Las recomendaciones para los niños están diseñadas para promover el crecimiento y el desarrollo óptimos y, por lo tanto, pueden no ser tan restrictivas como las de los adultos. Una amplia variedad de alimentos ricos en nutrientes esenciales es necesaria para los cuerpos en crecimiento y constituye la base de estas recomendaciones.

Entre los seis y los doce años, los niños aproximadamente duplican su peso corporal. La disminución de la relación peso-altura puede indicar desnutrición aguda. La disminución en la relación altura-edad puede sugerir desnutrición crónica. Estas insuficiencias en el crecimiento pueden deberse a la mala nutrición, privación psicosocial, trastornos de la alimentación, enfermedad crónica subyacente, infección, u otros factores.

Si bien los niños a menudo tienen determinados alimentos que les gustan y otros que no, los nutricionistas recomiendan a los padres que ofrezcan una amplia variedad de alimentos y que alienten al niño a probar nuevos alimentos en pequeñas cantidades sin forzarlos. De esta forma, los niños a menudo aceptarán y gustarán de nuevos alimentos.
Además, los expertos en nutrición a menudo recomiendan a los padres que no insistan en que sus hijos "dejen el plato limpio". Los niños pueden beneficiarse eligiendo el tamaño de la porción que quieren comer, siempre que el alimento sea saludable y nutritivo. Por último, se aconseja a los padres evitar el uso de alimentos como recompensa o castigo de conducta.


Nutrición en el adolescente

Las necesidades calóricas de los adolescentes varían según su tasa de crecimiento, su grado de maduración física, su composición corporal y su nivel de actividad. Sin embargo, ellos necesitan nutrientes extra para propiciar el periodo de crecimiento acelerado durante la adolescencia, que en el caso de las niñas comienza a los 10 y 11 años de edad, alcanzando su pico a los 12 años, y se completa aproximadamente a los 15 años. En los niños, comienza a los 12 - 13 años de edad, alcanza su pico a los 14 años y termina aproximadamente a los 19 años.

Además de otros nutrientes, es particularmente importante consumir cantidades adecuadas de hierro y calcio mientras el cuerpo del adolescente transita este período de crecimiento acelerado. Desde los 9 hasta los 18 años de edad, para asegurar que haya depósitos de calcio adecuados en los huesos, se recomienda que tanto niños como niñas consuman una dieta rica en calcio (1.300 miligramos por día). Esto puede ayudar a reducir la incidencia de osteoporosis en años posteriores. La ingestión de calcio recomendada se puede cubrir tomando por lo menos 3 tazas de leche parcial o totalmente descremada por día o una cantidad equivalente de yogurt o queso descremado.

En el caso de que no quieran consumir productos lácteos, existe una variedad de otras fuentes de calcio disponibles, como los vegetales de hojas verdes, productos de soja fortificados con calcio y otros alimentos y bebidas fortificadas con calcio.


Patrones de comida

Para cubrir las necesidades energéticas, los niños y los adolescentes deberían comer por lo menos 3 comidas al día, comenzando por el desayuno. Los estudios demuestran que el desayuno afecta el desempeño cognitivo y físico. Es decir, si un niño toma el desayuno, puede estar más alerta en la escuela y tener mayor capacidad para aprender y para realizar deportes y otras actividades físicas.

Los refrigerios también forman parte integral de los patrones de comida de los niños y adolescentes. Los niños pequeños a menudo no pueden comer grandes cantidades de comida de una sola vez y con frecuencia sienten hambre antes de la siguiente comida. Los refrigerios a media mañana y a media tarde pueden resultar apropiados en esta edad.

Los adolescentes activos en rápido crecimiento pueden tener enormes necesidades de energía. Aunque sus comidas regulares sean sustanciosas, es posible que igualmente necesiten tomar refrigerios para suplementar la energía entre las comidas y para cubrir sus necesidades diarias de nutrientes. En el caso de los adolescentes que tienen menos actividad física o que ya han pasado el período de crecimiento acelerado, es posible que haya que evaluar la función del refrigerio.


Desórdenes en la conducta alimentaria

Los alimentos que eligen los adolescentes a menudo dependen de la influencia ejercida por la presión social para alcanzar ideales culturales de delgadez, aceptación de otros o afirmación de la independencia de la autoridad de los padres. Estos factores pueden aumentar el riesgo de una persona joven de desarrollar desórdenes en la conducta alimentaria.

Un desorden en la conducta alimentaria es un problema emocional y físico que está asociado con una obsesión con la comida, con el peso corporal o con la forma del cuerpo. Un adolescente que tiene un desorden en la conducta alimentaria hace dieta, ejercicios o come en exceso como forma de lidiar con los cambios físicos y emocionales de la adolescencia.

Los 3 tipos más comunes de desórdenes en la conducta alimentaria son la anorexia, la bulimia y el consumo excesivo de comida. Cada tipo tiene sus propios síntomas y diagnóstico.

De acuerdo con el Centro Nacional de Información de Salud Mental de los EEUU (National Mental Health Information Center), 10 millones de niñas y mujeres y 1 millón de niños y hombres luchan contra los desórdenes en la conducta alimentaria como la anorexia nerviosa (un trastorno que hace que las personas limiten de manera severa la ingestión de comida) o la bulimia (un trastorno en el que las personas comen en forma excesiva y luego se purgan mediante el vómito o el uso de laxantes).

Tanto la anorexia como la bulimia pueden provocar convulsiones, insuficiencia renal, ritmo cardiaco irregular, osteoporosis y erosión dental. Quienes sufren del trastorno de comer en exceso y compulsivamente o quienes comen cantidades excesivas de comida tienen riesgo de paro cardiaco, desarrollo de hipertensión y niveles de colesterol elevado, enfermedad o insuficiencia renal, artritis, deterioro óseo y trombosis. La terapia médica nutricional y la psicoterapia son dos componentes integrales en el tratamiento de los desordenes en la conducta alimentaria. Estas enfermedades son tan complejas que se requiere la experiencia de profesionales de salud con un enfoque multidisciplinario.


Sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes

Los datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES), realizada en el 2003-2004, indican que el 14% de los niños de dos a cinco años de edad y el 17% de los niños y adolescentes de 12 a 19 años de edad en los Estados Unidos tienen sobrepeso. La prevalencia de niños y adolescentes con sobrepeso se ha cuadruplicado y triplicado, respectivamente, en los últimos 30 años.

En el año 2005, ILSI Argentina, realizó un estudio epidemiológico, de corte, relevando 1.692 niños/as de 10 y 11 años de edad en una muestra representativa de 80 escuelas públicas del área metropolitana de Buenos Aires. Los datos revelaron una prevalencia sumada de sobrepeso y obesidad del 28%. Los resultados arrojaron una prevalencia de sobrepeso de 16.2% y 11.8% obesidad en niños de edad pre-puberal. (Kovalskys I, Holway F, Ugalde V, De Gregorio MJ. Comité de Nutrición, Obesidad y Actividad Física de ILSI Argentina)

Sólo un pequeño porcentaje de niños con sobrepeso pueden atribuir su problema a trastornos endocrinos o a otros problemas físicos subyacentes. El sobrepeso y la obesidad pueden determinarse por el Índice de Masa Corporal (IMC).

Los niños y adolescentes que tienen sobrepeso tienen más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad en la edad adulta. Por lo tanto, los profesionales de la salud insisten en la alimentación saludable y en la importancia de la actividad física como enfoque para toda la vida para lograr el manejo del peso corporal y para tener una buena salud general y una buena calidad de vida. Antes de que un niño comience a cumplir con un plan de control del peso, siempre se debe consultar a un proveedor de atención médica.


Actividad física para niños y adolescentes

Huesos fuertes, buen tono muscular y menor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas son algunos de los beneficios clave derivados de la actividad física regular. Además, la actividad física promueve el bienestar psicológico y reduce los sentimientos de depresión y ansiedad.

La realización de actividad física tiende a reducir a medida que los niños crecen. Las consecuencias a largo plazo de la inactividad física incluyen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, nivel elevado de colesterol en la sangre, asma, artritis y muerte prematura.

Para mantener un buen estado de salud, se recomienda que los niños y adolescentes realicen por lo menos 60 minutos de actividad física la mayoría de los días de la semana o, preferentemente, todos los días.


- Fuente: Foodinsight. November 2006
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- Referencias: Análisis sobre los factores vinculados a sobrepeso y obesidad en niños
Estudio de Investigación. Escuelas Metropolitanas. Dra. Irina Kovalskys. ILSI Argentina
Nutrición, obesidad y análisis de riesgo. 2007. Español


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